
Como el momento en el que todas las luces de una casa se apagan y se hace el silencio, como el instante en que el motor del coche se para y deja de funcionar, como cuando el árbitro decreta el final del partido y no se puede seguir jugando.
Gratos recuerdos, gente interesante y una bonita experiencia, algo fugaz y sincero, sobretodo fugaz, exactamente igual que aquella noche en la que te lo llevaste absolutamente todo.
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