domingo, 19 de octubre de 2014

XXXVI Cursa del Carrer Nou (10km)

El panorama no se presentaba como otras veces. Los días previos a la carrera no fueron del todo buenos en lo que a estado físico y de salud se refiere y no tenía puestas muchas esperanzas en hacer un buen papel. Mi estómago puede dar fe de ello. Es más, hubiera declinado presentarme de no haber hecho el pago de la inscripción por adelantado. Siempre he creído que todo tiene una parte menos mala, se mire como se mire. 
En la salida se agolpaba mucha gente en muy poco espacio. Había más de mil personas en la línea de salida y resultaba imposible verse las zapatillas. Por eso, hasta el segundo 40, no pasé por debajo del arco de meta y no pude empezar a correr. 
Me encontraba raramente bien y eso que el ritmo al principio era bastante alto, superior a lo que está uno acostumbrado. Así, los kilómetros pasaban rápido y el físico me respondía adecuadamente. Noté que tenía gas en las piernas. 
Al llegar hacia la mitad del recorrido, aparecían las rampas que viven todo el año en el casco antiguo de Girona. La mayoría desconocidas para uno, realmente duras y con el piso irregular que dejan los adoquines y que tanto maltratan a las rodillas. Con este nuevo marco, era gracioso ver como algunos acababan desfondados y dejaban de trotar para ponerse a caminar. Yo no iba desgastado y, motivado por ver como adelantaba a gente con facilidad, subí el ritmo que otro día se hubiera quedado igual. Pensé que era mejor no pensar y creí que lo mejor era creer. 
Con las pulsaciones un poco altas por el esfuerzo que supone encarar y derribar unas cuestas con esos porcentajes, enfilé un largo tramo de bajada y dejé que las piernas fueran solas, de nuevo sin pensar. 
Cuando quise darme cuenta, quedaban solamente un par de kilómetros para concluir. Fue entonces cuando miré el reloj y vi que aún estaba a tiempo de batir mi marca personal en la distancia. Reconozco, también, que lo miré varias veces porque me costaba creer que fuera así. 
Mentalmente no me compliqué la vida como otras veces: si mantenía el ritmo que llevaba, bajaría el tiempo. No había más cábalas posibles. 
Debía quedar medio kilómetro cuando decidí demarrar y tirar de todo lo que me quedaba. Los aplausos y vítores de la gente que nos animaba acabaron de darme el último empujón que necesitaba. 
Crucé la meta y vi que había conseguido batir a la barrera de los cuarenta y cinco minutos. Fue, paradójicamente, en uno de los días en los que lo normal hubiera sido acabar, como otras tantas veces, vencido por el tiempo. Pero esta vez fue al revés, como casi nunca, con mis piernas como cañón, con mis zapatillas como guardamanos y con mis pupilas como mira. Guiñando el ojo izquierdo. Por fin caíste. Peculiar asesino. 



domingo, 10 de agosto de 2014

Volviendo al origen: SKODA Triathlon Series 2014 Tarragona

Los que vivimos demasiado rápido creemos estar castigados a perpetuidad por el paso de las agujas del reloj. Nos cuesta saludar porque creemos que no tenemos tiempo y obviamos, de primeras, casi todo lo que se nos cruza. A cambio, ganamos un punto más de nostalgia y tenemos muchos más recuerdos porque cualquier situación, por insignificante que parezca, la almacenamos y la analizamos mientras pasamos a toda velocidad de una pantalla a otra. Es lo que nos diferencia de los que aprovechan cada segundo de forma lenta y sin prisa: ellos disfrutan del momento, nosotros lo añoramos. 
Por otra parte, se sabe que el recuerdo, aunque puede emanar de multitud de causas, suele venir dado por aquello que no fue o no pudo ser, como la eternidad del primer amor. 
Y, finalmente, los retos personales surgen del curioso deseo de superarse y los logros posteriores de la perseverancia y, si lo tienes, del talento. Yo me planteo objetivos factibles y tengo fuerza de voluntad, sin necesidad de que nadie me guíe, me aliente o me cobre. La perspicacia es para las estrellas.  
Toda esta palabrería, tan tediosa como necesaria, es para contextualizar la narración que ahora prosigue. Tal vez fue por la nostalgia, por el recuerdo o por las ganas de batirme. Quizás por la combinación de las tres o a lo mejor porque simplemente me apetecía pero hace un mes decidí que volvería a Tarragona, donde hace un año participé en mi primer triatlón. Sentía desde hacía un tiempo la necesidad de volver, de retarme de nuevo, de cambiar esa sensación agridulce que acostumbran a dejarnos las primeras veces. 
Por entonces me presenté en modo aprendiz de principiante, carente de fundamentos de nado, con muchos kilómetros hechos encima de una bicicleta y con pocas piernas y escasa técnica como para ponerme a correr después haber chapoteado y pedaleado cerca de una hora. 
Juré y perjuré que acabar era mi único objetivo a sabiendas de mi falta de preparación y de experiencia en esas lides. El miedo y el pesimismo ayudaron lo suyo.
Sin embargo, ayer intuía que podía ser diferente. Tras un año combinando las tres disciplinas (más lo que no se ve pero se siente) como mejor he podido y sabido, sabía que podía hacerlo mucho mejor y así fue. 
En la natación me coloqué en las primeras filas y totalmente abierto a la derecha, asegurándome de que una canoa de la organización era lo único que me flanqueara en ese lado. Dudé si salir tan adelantado sería bueno pero visto el resultado creo que elegí una buena estrategia ya que durante la mayoría del recorrido pude nadar a un ritmo lento pero continuo, como es habitual en mí, evitando la parte central y buscando un perímetro seguro a cada momento. Únicamente tuve que aflojar al llegar a cada una de las tres boyas que marcaban el circuito para poder escabullirme del jaleo que ahí se formaba. De vez en cuando se me cruzaba algún desnortado pero logré esquivar todos los envites. Al salir miré el reloj y vi que, por fin, había nadado dentro del tiempo previsto y superando en cinco minutos y medio lo que hice hace un año. 
Montando en bicicleta no hay mucho que contar que no haya dicho antes. Hice un parcial muy bueno, incluso algo mejor de lo que esperaba, y volví a remontar muchas posiciones. Iba saltando de grupo en grupo y me sentí cómodo en un circuito rapidísimo. Volví a vaciarme y mejoré en dos minutos la marca del año pasado. 
Aparqué la flaca pidiéndole disculpas ante tanta brevedad, me cambié las zapatillas y miré el reloj de nuevo. Llevaba cincuenta y cinco minutos aproximadamente. Si conseguía correr a unos cinco minutos el kilómetro podría lograr bajar de una hora y veinte minutos, cosa que hace un año me parecía más que utópica. La afrenta se presentaba un tanto compleja porque aunque puedo correr sensiblemente por debajo de esa marca, sabía que mis piernas estaban ya más allá del limbo tras casi una hora de tralla. Sabía, también, como buen diesel que es uno, que debía establecer mi carrera a ese ritmo concreto desde un buen principio porque cualquier intento de aflojar para luego apretar o viceversa, podría ser fatal. Y parece ser que los astros seguían alineados porque también lo logré, con dificultad pero lo logré. Aquí también rebajé ostensiblemente la marca que hice el año pasado. 
Finalmente, y por cuatro segundos, bajé de la barrera de los ochenta minutos contando transiciones. Además, en este triatlón en concreto, la primera de ellas es terriblemente larga. 



Así pues, conseguí una buena posición final (214 de 517 participantes totales) entrando en la primera mitad de la clasificación y comprobando que el trabajo bien hecho da resultados. 
Hoy es uno de aquellos días en los que me gusta decir que no hacer nada es mucho más cansado que nadar, correr o montar en bicicleta. Palabra. 



sábado, 26 de julio de 2014

III Triatlón Sprint Open Popular de Banyoles

No hace mucho leí que a la vida le ocurre lo mismo que a un buen café: nunca sabe tan bien como huele. Lo pude comprobar esta misma mañana al escuchar el bocinazo de salida y tirarme al agua. Confiaba en hacer una buena natación pero alguien al soltar una de sus piernas para propulsarse me dio con el pie en la cara (pudiera ser también que yo quisiera cabecearlo a él, quien sabe). El caso es que me llevé un golpe que me hizo aturdirme primero, ponerme nervioso después y crecerme al final. Hasta la mitad del recorrido fui incapaz de encadenar diez brazadas seguidas. Me faltaba el aire y no podía acompasar la respiración. Lo pasé realmente mal durante un buen rato. Fue un suplicio que al fin se evaporó cuando logré tranquilizarme y enfilar la segunda mitad del tramo de natación a un ritmo ya más decente, respirando con cadencia y con las pulsaciones más bajas. Lo paradójico del caso es que había entrado al agua de los más rezagados para evitar precisamente llevarme algún recado. Salí de los últimos y siendo sincero, esperaba hacerlo algo mejor aunque no salí cansado, más bien al contrario. Al tocar tierra corrí a por la bicicleta con muchas ganas de resarcirme. 



Cuando me senté en el sillín y calé las zapatillas, todo cambió. Sabía que venía con buenas piernas y me notaba fino desde hacía varias semanas. Era un buen momento para sacar la rabia que tenía dentro y hacerlo lo mejor posible en mi sector favorito y el que mejor se me da. 

Inicialmente decidí ir a mi ritmo, sin aliarme con nadie y es que no me hizo falta ya que empecé a pasar a mucha gente, incluso a los que habían tomado la salida antes que yo. Lo di todo, iba con el cuchillo entre los dientes y muy motivado al ver que estaba recuperando muchos puestos. No en vano, y siempre según la clasificación (allá cada cual con sus creencias), adelanté a unos ochenta corredores en el tramo ciclista. Había logrado, al final, que el sufrimiento sólo fuera esfuerzo y nada más. 



El tramo de carrera a pie lo hice cumpliendo mis perspectivas iniciales. Si no me aparecía ninguna molestia estaba seguro de poder alcanzar el tiempo previsto a pesar de la fatiga y así fue. Podía haber bajado algo el tiempo que hice pero no tuve cuajo para intentarlo por miedo a fundirme a pesar de encontrarme bastante bien. Supongo que la ambición se quedó dormitando en el casco que había dejado un rato antes en los boxes. Otra vez será. 



Algunos dicen que en el deporte sólo son recordados los campeones y los héroes, quienes, por cierto, no siempre coinciden. Otros creen que tienes que ser el primero en algo al menos una vez para que la vida tenga sentido y para que sea cierto eso de que quien la sigue la consigue, que los palos sirven para construir un fuerte. El camino es complicado, extenuante, incierto, agónico a ratos. Justo como nos gusta a los que hacemos deporte. En otros términos: hay que reptar mucho por el infierno y tragar mucha porquería antes de poder sonreír mientras levitas. Y lo que hace que todo esto sea realmente interesante es que lo primero nunca te asegura lo segundo. 



domingo, 18 de mayo de 2014

I Marcha Cicloturista Palamós - Costa Brava 2014

Disputar una carrera ciclista es algo que he tenido en mente desde hace varios años y hoy, por fin, se dio la ocasión. Se trataba de una marcha no competitiva en la que se compartía carretera con cualquier vehículo y/o persona y en la que no se contaban los tiempos oficialmente.


El recorrido indicaba 105 quilómetros con 4 ascensiones de distinta dificultad. Me lo conocía al dedillo porque hace un mes que lo recorrí en solitario y lo salvé bastante bien exceptuando un tramo de toboganes de 20 quilómetros del que hablaré más tarde. Entonces tardé 4 horas y 10 minutos en hacerlo.

 
Si la salida de una carrera se da en un sitio que está a cinco minutos caminando desde la puerta de tu casa significa que puedes levantarte y desayunar más tarde y que si te dejas algo, siempre puedes volver a recogerlo. Por lo tanto, me lo tomé todo con más calma que de costumbre. Más aún teniendo en cuenta que mi semana previa no fue del todo bien en cuanto a nivel físico. Estuve muy cansado por la media maratón del domingo anterior y no hubo noche que durmiera más de 6 horas. Además, el día antes anduve con problemas estomacales que me dejaron bastante debilitado. Con este panorama y sin lamentaciones (no se trataba de ganar nada) tenía que hacer algo que estaba esperando hace mucho tiempo.
La verdad es que no esperaba que hubiera tanta gente teniendo en cuenta que coincidían varias marchas y carreras por la zona. El dorsal más alto que llegué a ver era el 297.
Cuando pasaban pocos minutos de las 9 de la mañana se dio la salida. Me costó unos cinco quilómetros engancharme a un grupo que consideré decente para mi ritmo. La primera dificultad del día era un puerto de 4 quilómetros que subí muy rápido. La bajada siguiente también la hice muy rápido. Iba tan rápido, y perdón por reiterarme tanto, que en la primera hora de carrera completé 32 quilómetros. Como se nota la diferencia de ir sólo a ir en grupo...
La segunda ascensión de la jornada consistía en un puerto largo de 16 quilómetros cuya parte realmente destacable son los 7 últimos, en los que hay alguna rampa digna.


Aquí el grupo se disgregó en muchos subgrupos e incluso en unidades de ciclistas que no aguantaban o que, simplemente, se reservaban. Como no conocía a nadie tampoco podía saber que estaban haciendo. Yo me sentía realmente bien pero tenía miedo de estar yendo demasiado rápido y pagar luego el esfuerzo.
Miré el cronómetro y vi que en dos horas habíamos completado ya 60 quilómetros, más de la mitad de los previstos. Sorprendido, sabía que ahora enfilaba el sector que se me atragantó hace un mes.
Hasta el momento había llaneado y subido muy bien y había bajado peor. En otros términos: lo que ganaba subiendo lo perdía bajando y al revés. Aún y así, iba enganchándome a diferentes grupos de 4 o 5 unidades y estaba disfrutando mucho de mi primera carrera.
El tercer puerto que indicaba la organización era una rampa bastante pronunciada de 2 quilómetros y que precedía a una bajada larguísima hasta Tossa de Mar, punto en el que empezaba un tramo de 20 quilómetros de subidas y bajadas constantes, lo que un servidor considera un rompepiernas que te las parte directamente si llevas ya dos horas y media de carrera. Se levantó algo de viento justo al iniciar los toboganes, cosa que podía complicarme aún más la existencia pero que me frenó tanto como me aceleró.  
Psicológicamente estaba animado porque había ido rápido, me encontraba bastante fino y estaba en un grupo de 15 corredores, con lo cual me sentía bastante bien acompañado. Además, visto que subiendo iba bien pero que bajando no, me conciencié para aguantar en grupo esos 20 quilómetros como fuera. No quería quedarme en tierra de nadie en un terreno que me va tan mal. Pensé que no sería ni una hora teniendo en cuenta la velocidad a la que íbamos. Lo estaba haciendo bien y tenía que sufrir un poco más. Si lograba salir en grupo de allí, tendría bastante ganado. De lo contrario, sabía que podía hundirme y que se me haría interminable.
El caso es que lo conseguí, sufrí como hacía tiempo que no sufría en una bicicleta pero logré pasar el peor sector. Los ánimos enérgicos e inesperados de un par de amigos ya casi al final se agradecieron mucho e hicieron que todo fuera más llevadero.
Tras una bajada larga quedaba la última subida del día, según las indicaciones. Casi 2 quilómetros que se hicieron eternos teniendo en cuenta el ajetreo de piernas que llevábamos. Siguió otro descenso rápido, más llanos y alguna rampa que picaba pero ya estaba todo hecho. Supongo que todos los allí presentes se habían ganado la medalla que nos daban al llegar.  



Pasé el arco azul y el cronómetro de mi bicicleta marcaba que había completado 107 quilómetros en tres horas y media, yendo a una velocidad media de 30 quilómetros por hora. Hace un mes tardé 40 minutos más.


¿A qué se debe la diferencia de tiempo entre hace un mes y hoy? Correr en grupo mejora las prestaciones individuales, sin duda. Y también está el trabajo y el entreno: darle a las piernas, a los brazos y a la cabeza. Y querer sufrir y saber sufrir. Y no creerse nada.



domingo, 11 de mayo de 2014

XX Media Maratón Ciutat de Girona

Crucé la línea de llegada rebajando en dos minutos mi marca personal. Acabé como supongo que debe acabar un soldado que sobrevive a una batalla en la que ha querido estar: sudando a torrentes, roto, casi reventado, pidiendo clemencia (agua en mi caso) a quien pudiera estar por allí cerca. 
Lo hice a un ritmo lento, casi irrisorio, con la aburrida y rutinaria cadencia que me permitían las fuerzas que ya se habían evaporado mucho tiempo antes. 
Pero vamos a lo que fue la carrera en sí porque según los datos que se dieron, más de dos mil personas tomarían la salida a la misma hora en una avenida de cuatro carriles. Dos terceras partes hacían la carrera de diez quilómetros y el tercio restante, la media maratón. Se compartía circuito hasta la misma línea de llegada, punto en el que los más atrevidos sabíamos que nos quedaba más de la mitad del recorrido. 
Los ocho primeros quilómetros los hice a un buen ritmo y al lado de mi hermano. Me detendré aquí porque creo que merece la pena saber que este mozo corre con una rodilla y media (se rompió la misma hace siete meses) y con unas ganas y un coraje enormes. Lo que está logrando, a mi juicio, sobrepasa lo admirable. Y como él todas las personas que pasan por una lesión similar y percuten, trasiegan y luchan hasta superarlo. Y no se rinden nunca porque simplemente no les sale. 
Por aquel entonces pensé que estaba confundiendo la valentía con la temeridad y dejé que se marchara a su ritmo. Se ofreció a esperarme pero decliné que siguiera ayudándome. Sabía que una parte de lo que íbamos a conseguir cada uno era gracias al otro. Lo vi alejarse en una recta interminable y me emocioné tras mis gafas de sol como lo hago ahora al relatarlo. Llegó a la meta y también rebajó su récord personal. Me alegré muchísimo por él. 
A mi sólo me quedaba luchar contra la mente y el físico, habida cuenta de lo complejo que es batallar contra ambos factores, sobretodo contra el primero. De piernas fui bien, sin más molestias que algunas agujetas que se me pasaron rápidamente. La cabeza fue otra historia. Bajé el ritmo bastante. Los quilómetros costaban de digerir una barbaridad. Psicológicamente restaba metros, calles y tramos para tratar de acercarme a la meta. Entorno al quilómetro quince me pasaron los que marcaban el tiempo final de 1h 45'. Intenté seguirlos pero sólo logré aguantarles unos metros. 
Se hizo tedioso, como esperaba. Hubo ganas de parar y caminar, de acortar camino aunque hubiera sanción o de retirarse, directamente. Los típicos momentos de crisis. Contar pasos o conos, cantar alguna canción del verano o recordar lo que estudié ayer. 
El caso es que mi rendimiento cayó en picado, en parte por voluntad propia y en parte porque me quedaba poco combustible, y los corredores iban pasándome. No me paré ni en los avituallamientos y sólo quería llegar. 
Entre mis miserias observé otras muchas y eso me hizo sentirme algo menos desgraciado, que no era poco con la que estaba cayendo. Vi el reloj en el arco de meta y sabía que iba a superar mi marca, tan digna como mejorable. 
Crucé la línea de llegada rebajando en dos minutos mi marca personal. Acabé como supongo que debe acabar alguien que entrena para superarse a sí mismo. Ahí estaba, en la meta. Donde había estado con mi hermano un rato antes. Donde seguían llegando más corredores. Donde muchas cosas cobran sentido. 

lunes, 21 de abril de 2014

100 quilómetros en BTT y 16 quilómetros de carrera a pie por la montaña

Tras muchos intentos fallidos de conseguir formar un grupo lo más numeroso posible de gente, el pasado viernes 18 de abril, logramos, por fin, cumplir uno de los retos típicos de cualquier aficionado a la bicicleta de montaña de la zona:  hacer la ruta Olot - Sant Feliu de Guíxols. 
Dicha ruta consta de unos 100 quilómetros, la mayoría de los cuales son en ligero descenso y sin ningún tipo de dificultad técnica. La totalidad del recorrido transcurre por carriles bici y vías verdes, los cuales son, en su mayoría de tierra y de una anchura considerable. 



A las 7 de la mañana subimos en coche hasta el punto de partida y sobre las 8:30 nos pusimos a rodar. La primera hora fue relativamente lenta debido a que la parte más dura está al principio, ya que los primeros 12 quilómetros son picando levemente hacia arriba, habiendo únicamente un par de rampas duras. A partir de aquí, todo bastante favorable, con muchos tramos llanos interminables. 



Sobre la bicicleta estuvimos 4h 30' aunque tuvimos un percance (un compañero rompió la cadena) que nos hizo estar parados una media hora, aproximadamente, hasta que logramos repararla. También hay que tener en cuenta que nos paramos a mitad de camino a desayunar, cosa que alargó levemente la hora de llegada a casa. 
Por la tarde, contrariamente a lo que pensaba antes de la ruta, no me encontraba muy cansado. Únicamente el típico cansancio de piernas pero nada más. Me alegré de no notarme fatigado puesto que el domingo tenía previsto participar en una marcha. 
El sábado me levanté con un poco de agujetas, cosa que también imaginaba. Con el fin de moverme y activarme un poco, me fui a nadar a la piscina. Hice el entreno corto de la semana y nadé 1.500 metros. Creo que nadar me ayudó a recuperarme y, a pesar de notarme pesadez de piernas, me activé bastante de cara al domingo. 
Podía elegir entre hacer la marcha de 7 o de 16 quilómetros y opté por hacer la larga. Tenía todo el tiempo del mundo y me pareció buena idea probarme en una carrera que supuse que me llevaría entre una hora y media y dos horas. Quería ver como me sentía y también quería correr por la montaña para entrenar subidas y bajadas porque no lo hago nunca y la mejor manera de hacerlo pensé que era apuntándome a una carrera. 



El cielo pintaba mal y las previsiones apuntaban posibilidad de lluvia durante todo el día. Chispeó y llovió a ratos y la verdad es que lo agradecí. Soy de inviernos y me muevo mejor con frío y lluvia antes que con sol.  
Los cuatro primeros quilómetros eran picando hacia arriba, con alguna subida importante. A partir del quilómetro 5, se separaban las dos marchas y justo en ese punto llegó una dificultad seria: una rampa interminable de 500 metros por un camino muy técnico (raíces, piedras, troncos y demás) y con una pendiente media de un 17%. Decidí dejar de correr y ponerme a caminar. 
La otra dificultad importante estaba sobre el octavo quilómetro: una rampa de piedra viva y resbaladiza, con una longitud de 300 metros y con un 24% de inclinación que también hice caminando. 
A partir de este punto, y durante unos tres quilómetros más, los caminos alternaban subidas y bajadas constantes en un rompepiernas considerable. 
Cabe destacar que la última parte de la marcha, entorno a 3 o 4 quilómetros, discurría por una zona que se incendió hace pocas semanas. Algunos pudimos ver el auténtico destrozo que hizo el fuego. Estuve oliendo a ceniza durante un buen rato y me llevé a casa un poco de ella en los calcetines y las zapatillas. También llegué con las manos negras a la meta puesto que en algún momento tuve que agarrarme a algún árbol abrasado para ayudarme a trazar las sinuosas curvas mientras bajaba. 
Lo cierto es que en prácticamente todo el recorrido mantuve un ritmo constante, excepto en dichas subidas, las cuales las hice caminando debido a su inclinación y a su dificultad técnica. En las bajadas me noté bien y pude acelerar bastante. 
Llegué a la meta y pregunté a un hombre que hora era ya que no llevé reloj. Las 9:35. Había tardado una hora y treinta y cinco minutos. Creo honestamente que lo hice bastante bien para ser mi primera carrera de montaña. 



Hoy, ya con piernas cansadas del trasiego de estos días, he hecho una salida en BTT muy suave. Han sido cerca de 45 quilómetros muy tranquilos bajo la lluvia. 

lunes, 7 de abril de 2014

XIII Duatló Ciutat de Vic

El pasado domingo 6 de abril asistí al primer duatlón de mi vida. Me había inscrito con mucha antelación para así no tener excusa y no echarme atrás. Tampoco había motivo para ello puesto que llevo mucho tiempo entrenando y alternando la bicicleta, el correr y el nadar. Sólo una lesión podía evitar mi debut. 
La prueba consistía en correr 7 quilómetros, ir en bicicleta de carretera durante otros 35 y acabar con 3 más de carrera a pie. 
El caso es que se dio la salida un poco más tarde de las 10:30 de la mañana con un total de 600 atletas participantes, todo un récord según la organización. La mayoría iban bien equipados. Zapatillas de nivel y de muchos euros, medias compresivas (¿Vale la pena usarlas para correr media hora?), bicicletas de alto copete, etc. Algunos comen justo antes de salir. Barritas, plátanos, geles... Otros se hinchan a beber agua. Mi experiencia con la comida previa no es muy buena, así que me salto ese paso. He desayunado 3 horas y media antes y me encuentro bien. 




Mi misión era bien simple: disfrutarlo al máximo, sin más. Sólo así podría acabar contento. 
Empecé bien, tranquilo. No llevé reloj así que no sabía a que ritmo iba ni a cual debía ir. Mejor: no quería agobiarme. Bastante tenía con escuchar pisadas, bocanadas de aire y los constantes pitidos de los relojes y GPS ajenos. Hacia la mitad del recorrido, y con el grupo ya muy estirado, me adelantó la primera de las chicas, quienes salían tres minutos más tarde. Buena zancada y buen ritmo. Igualito que el mío, vamos. Más o menos por ahí me entró flato. Y como la única manera que parece que me ayuda a olvidarme de él es yendo más despacio, decido aminorar el ritmo. Ahí empiezo a comerme la cabeza y me pregunto porque siempre aparece cuando estoy corriendo. Como ya sé que no va a irse hasta dentro de un par de horas, lo aguanto lo mejor que puedo, no me queda otro remedio. 




Me adelanta bastante gente pero no me preocupa porque lo tenía asumido. Veo el arco de meta y sé que el peor sector ya ha pasado. Estoy algo cansado, como también esperaba, pero también aliviado. 
Entro en la zona de boxes y aún tengo que seguir corriendo un buen trozo porque mi bicicleta es la última de todas y no es broma. Ahora me favorece porque voy con las zapatillas de correr pero luego será un problema con las zapatillas de bici. Ya sé que los buenos se las quitan en marcha, se las atan en marcha y bajan descalzo. Yo no llego a tanto, que le vamos a hacer. 
Cojo la bicicleta y voy pasando a varios corredores, incluso a varias chicas que me habían adelantado corriendo. Los 6 primeros quilómetros, que son en ligero ascenso, vienen acompañados por un puerto de unos 4 quilómetros. Me adelanta un pelotón de chicas justo cuando uno se cae y se hace polvo las rodillas. Voy a un ritmo constante y me noto algo cansado pero aguanto sabiendo que luego viene una bajada larga combinada con un llano de unos 7 quilómetros. Esta parte la hago realmente bien, superando a mucha gente. Lo siguiente es un puerto de 5 quilómetros de subida, sin dificultad técnica ni dureza excesiva pero que se hace duro debido a la fatiga que llevo. El flato sigue ahí, sólo faltaría. Lo que falta es en bajada y llano. Es aquí donde vuelvo a adelantar a bastante gente. Llegamos a los boxes un grupo de 6 unidades que hemos compartido los últimos 3 quilómetros en base a relevos dignos. Me bajo de la bici y el cuentaquilómetros dice que lo he hecho en 1h 15'. Me sale una velocidad media de 28kms/h: mejor de lo esperado.  




A patear con las zapatillas de ciclismo por los boxes. Hay bastantes bicicletas colgadas y veo a mucha gente que ya ha acabado. En hora y media ya lo tenían listo. Chapeau. 
Ya muy cansado, sé que sólo son 3 quilómetros a pie. Creo que mi ritmo es lento pero no estoy muy seguro porque ya no controlo mucho las piernas y no llevo reloj. Por delante mío veo escalonados a los 5 compañeros con los que había llegado en bici. Deben separarnos unos 100 metros. Salieron todos antes que yo del boxes, como esperaba, debido a mi ubicación. Creo que puedo dar algo más y acelero un poco. Ah, y sigo con el flato. Sin dejar ese ritmo, me motiva ver que consigo pasar a tres de ellos en pocos metros. Me junto al cuarto y adelantamos al que faltaba justo antes de llegar a la recta de meta, que es cuando consigo dejar atrás a mi último compañero de fatigas. 
Acabo cansado pero contento porque he disfrutado mucho, sobretodo en la bici. Por aquello de la curiosidad y no haber llevado reloj, miro los tiempos que he hecho corriendo. Sorpresón. Los primeros 7 quilómetros los hago en 31' 37" (a 4' 31" el quilómetro) y los últimos 3 los hago en 14' 06" (a 4' 42" el quilómetro). No son tiempos espectaculares, ni mucho menos, pero suponen mi récord personal y, unido a las buenas sensaciones que tuve, sin contar el flato, me producen una alegría tremenda y unas ganas enormes de seguir entrenando.