lunes, 5 de diciembre de 2016

El estrés del soldado

Se llama fractura por estrés a la lesión ósea causada por el uso excesivo, sobretodo debido a la acumulación de ejercicio, pero no es ese el camino que quiero tomar. 
Aquí y ahora llamaremos fractura por estrés a la quiebra anímica que provocan las situaciones de máxima tensión. Igual que los equipos se pasan de forma o que los grupos pueden fundirse por exceso de motivación, uno se quema por el abuso de su mente. 
El caso es que tanto acostumbra a ir uno a la guerra que puedes llegar a sufrir el estrés del soldado, el colosal bloqueo que produce la combinación de ansiedad y depresión.
Tiene cura, así que no hay que preocuparse. El plan es sencillo, quizás demasiado: es tan simple como hacer deporte. Funciona, lo garantizo. Como con el amor, quien lo probó lo sabe. 
Resulta el mejor remedio para evadirte y dejar de lado, aunque sea sólo por unos minutos o unas horas, al resto de tu medio circundante, a las preocupaciones o a todo lo que se te ocurra. 
Elige lo que más te apetezca. Métete en un gimnasio, sal a correr o a caminar. Apúntate a la piscina o vete a dar pedales. Todo vale, créeme. Y todo te acaba sirviendo si así te lo propones. 
La pega, por ponerle una, es que tienes que ser constante, muy tenaz. No es un remedio ni inmediato ni milagroso, sobretodo porque requiere tiempo y dedicación. 
Es preciso dejar de lado a la pereza, obviar lo deshonesta que puede llegar a ser la meteorología y aparcar cualquier atisbo de excusa, el ya lo haré mañana. 
No intentes convencerte a ti y a los demás de que no tienes tiempo porque es mentira. Se puede atender a todo lo que a uno mismo le apetezca. Es pura organización. Como con casi todo, es cuestión de querer para luego poder. Los días todavía tienen veinticuatro horas. 
Antes de irme, un consejo: que el hecho de querer desestresarte no te estrese más todavía. La rutina de la que pretendes huir siempre estará ahí porque es parte de tu vida. No quieras quemarlo todo. No pretendas despertarte cada mañana en una cama nueva. 
El final vale para el deporte, el amor y el bricolaje. Siempre hay leyes y cada fase requiere de una actuación distinta y necesaria. Ocurre con frecuencia que si el objetivo no es alcanzado después del estricto cumplimiento del manual, uno tiende a olvidarse de las reglas y lo arriesga todo. Un salto sin paracaídas. Una temeridad innecesaria. Mañana siempre será otro día. 




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