
La tarde se alarga como el eco de tu voz cuando cuelgas el teléfono. Hay una certeza profunda en el fondo del corazón, una paz que no entiende de grietas. La noche nos esconderá bajo las sábanas. Vamos a vencerlo todo.
La tarde se eterniza como el recuerdo más feliz, como su mirada siempre presente, como la niñez que yace en el alma. No es preciso correr ni esperar a que ocurra algún milagro. Es suficiente con el susurro del latido manso, con darse la mano con firmeza y caminar juntos, el uno al lado del otro, fundiendo miradas, siempre hacia delante.
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