
Ahora sólo falta saber si el resto de países que han hecho pequeñas intentonas de carácter similar (Túnez, Argelia, Marruecos) se animan para intentar derrocar a su rey mientras mueren unos cuantos en el intento. Es la revolución sangrienta, infame y primitiva. El ejército ambiguo y el pueblo atemorizado a la par que indeciso.
El líder, mientras, se aferra a su trono mientras contempla como las bombas y los misiles circulan de un lado al otro sin tocarle. Fueron el poder y la riqueza. Son los antitodo que se agarran al clavo ardiendo de la nada. Fueron la salvación y la esperanza. Son lo que está extinguido. Fueron un icono, un ídolo, el respeto. Son el dolor, la escoria, la miseria. Fueron tanto que ya no son absolutamente nada.
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